El corazón abierto y un espejo frente a mi para saberme más real, vulnerable y libre que nunca, perderme en mi misma para volver a encontrarme nunca se sintió tan poderoso.

Una sacudida a pecho descubierto que me vuelve a colocar en mi lugar sagrado.

Volver a conectar con la esencia De la Fuente, así, desnuda de cuerpo, mente, alma y espíritu.

Somos eternos aprendices que se tambalean entre los elementos que nos afirman, tratando de encontrar siempre un equilibrio que jamás será definitivo.

Todo se mueve dentro para recolocarse en esta nueva frecuencia vibratoria en la que se adentra el mundo, lo viejo ya no sirve y ahora o nunca tenemos la oportunidad de dar este salto al vacío.

Una y otra vez me veo como en un sueño al borde de un gran acantilado, sosteniendo todo lo que debería ser nada y decidiendo si lanzar la inmensidad al vacío.

El salto se redefine en la acción y da paso a un pequeño escalón, nunca había dejado de serlo.

Aunque desde arriba asuste, pues ese es el plan, adentrarte en el extremo donde asoma toda sensibilidad, toda vulnerabilidad que nos hace humanos y reales

Que nos hace únicos y especiales

En cada salto

En cada caída

En cada sublevación

Para caer mientras nos elevamos a un nivel más de consciencia donde Dios pueda experimentar todo el potencial que nos cierne.