Hoy solo alcanzo a hacerme preguntas, la existencia a cada momento me requiere así, curiosa.

Y que somos? Acaso no somos seres que evolucionan a cada instante?

Si me preguntas lo que soy y me sincero seguramente seré muchas cosas con las que no me identifico, venimos llenos de memorias y patrones que están instalados ahí sin más como parte de lo que venimos a trascender para elevarnos a con lo que si nos identificamos, pero, entonces eso es ser?

Pasamos la vida con esa cuestión y cada vez que creemos conocernos todo se desdibuja para dar paso a una nueva vuelta en la espiral de la vida, para volver a desconocernos y encontrarnos en un punto distinto.

Conforme doy una nueva vuelta intento comprender como todos esos personajes que habitan en mi no soy yo, muchos vienen programados, otros los recogí yo por el camino en base a mis decisiones, puede parecer que marcan mi personalidad, pero realmente en lo más profundo ninguno de ellos se equipara a mi alma, ni sienten, ni expresan, ni se identifican con ella.

Ahí me doy cuenta de que mi alma solo aparece cuando estoy, no cuando soy.

Estar es sentirme presente lejos de pretensiones, es vibrar en ese campo energético que me rodea.

Estar es habitarme desde la compasión para volver a ese centro sagrado para mirar con los ojos de ahí adentro.

Se trata de generar el vacío suficiente para no volver a identificarte con el quien, ni con él como, es abrirte a la incertidumbre de un espacio que no es pero que se trata del todo sin ser nada.

Es el quedarnos vacíos de expectativas que nos corrompen, para no nublar la mirada más profunda, para abrir el espacio a que sea lo que tenga que ser, por qué no somos más que un juego De Dios experimentado la existencia a través de estas vasijas sagradas que nos sostienen.