Rezos a la vida

Y mis sombras soñolientas aún bailaban en atardeceres dorados entre campos de Olivares celebrando uno a uno los regalos que la vida me puso con antojo


Y mis Luces floreciendo entre algodones bebían De la Fuente de la creación para compartir desde el amor los sueños que alcanzaba


Y en el aire libre como un pájaro pinto de color butano una melodía que le acaricia el alma en un soplido


Y en el corazón un fuego abrasador le había cauterizado cada una de sus heridas y cada vez que la bañaba el mar el escozor le recordaba que estaba viva